El psicólogo clínico Juan de Dios Serrano, acaba de publicar libro, donde desarrolla una original perspectiva de la humanidad en interdependencia, desde la “Compasión por la pérdida”

Amablemente ha atendido a SAIB, tras la presentación de su libro en el pasado Congreso “Corporalidad e identidad: ¿tengo un cuerpo o soy yo?, celebrado en Cordoba el pasado mes de noviembre.

 

1. ¿Podría describirnos cuáles han sido sus motivaciones para escribir este libro?

La motivación principal ha sido poder devolver de alguna manera lo que me ha aportado la enfermedad, la muerte y el duelo. Ya que tras 15 de experiencia clínica con el sufrimiento humano no ha habido nada que me haya acercado tanto a la vida.

Por otro lado, la necesidad de compilar en un solo volumen el proceso de acompañamiento e intervención terapéutica en los procesos de enfermedad, muerte y duelo como respuesta a la demanda sobre estos temas que se está dando sobre los profesionales sanitarios al ver que precisan de herramientas emocionales y relacionales en su ejercicio clínico.

Por último también ha influido la necesidad de hacer un manual que recoja las charlas, cursos y talleres que realizo.

 

2. ¿Considera la compasión un valor universal?

Ciertamente el hilo conductor de libro es la compasión: con la idea de ponerla de moda en un mundo que cada vez exige más humanización. La humanización sólo es posible desde la compasión. Ya que lo propio del ser humano es la compasión que se ha ido perdiendo por el individualismo imperante.

Se trata de una sensibilidad humana ineludible: que los individuos sean capaces de horrorizarse del sufrimiento ajeno, no desde la empatía, sino desde el reconocimiento de este sufrimiento, precisamente, como ajeno; cuestión que se conceptualiza dentro del registro de la compasión. Y la compasión nos remite a las emociones que, a pesar de sus peligros, son componentes esenciales para iluminar el juicio moral y orientar la conducta. La compasión, pues, hace posible el surgimiento de una razón emotiva, imprescindible a la hora de reconocer la debilidad del otro. Quien carece de compasión no puede captar el sufrimiento de los otros; quien no tiene capacidad de indignación carece del órgano necesario para percibir las injusticias. Las emociones son antenas que nos permiten conectar con los otros, sin ellas no tendríamos interacciones. La ceguera emocional produce ese analfabetismo emocional sin el que la vida ética es inviable.

Así pues la vulnerabilidad evoca la sabiduría de la compasión con la experiencia en carne propia del sufrimiento que otro experimenta, el cual motiva a la acción para erradicar ese sufrimiento. Como tal, es esencialmente altruista, libre de egoísmo. De alguna manera, la compasión requiere de una cierta sabiduría para poder sostenerse continuamente. La persona compasiva actúa desde la integración, noción de que no existe separado del otro, de que el bienestar de los demás es su propio bienestar y que la existencia de un yo individual fijo, estable, autónomo y separado del mundo es una ilusión. Si no sabe o no cree esto, será difícil que encuentre una motivación para seguir actuando con compasión. Sin embargo, la compasión, a su vez, virtuosamente engendra inteligencia y sabiduría, en un bucle de retroalimentación positiva. La razón por la cual los actos bondadosos nos hacen más inteligentes es lo que sostiene la posibilidad de un mundo mejor para todos.

 

3. Ha participado en un reciente congreso de Bioética donde se analizó la vulnerabilidad, entre distintos profesionales. ¿Podría decirnos si considera que esta situación, llamemosla así, tan presente en la vida de muchas personas está bien identificada y existen motivaciones para atenderla adecuadamente? 

La compasión ilumina esa ética de cuidado, la colaboración y la interdependencia en la vulnerabilidad… pues el ejercicio profesional sanitario radica en la compasión, en su amplitud de compadecerse del sufrimiento hasta el punto de ser el único vector que puede protegernos de caer en la deshumanización de la asistencia sanitaria por los diversos intereses que ya todos conocemos.

Por ello, se precisa identificar la vulnerabilidad no como rasgo distintivo, sino como rasgo que nos iguala a la humanidad y desde el que hay que construir equitativamente respuestas compasivas para todos, puesto que todos, más temprano que tarde, seremos los destinatarios de esos cuidados. 

Por todo ello, desarrollamos la hipótesis de que la autosuficiencia no es propia de la vida humana, tal y como nos han enseñado las personas con diversidad funcional. Todos somos débiles y dependemos constantemente unos de otros para vivir humanamente. Esta constatación tiene sus implicaciones éticas puesto que la auténtica autonomía incluye la dependencia o, mejor dicho, la interdependencia. Es así como podemos recuperar la alianza y las coaliciones humanas más básicas, la idea de bien común y la ética del cuidado y la responsabilidad, así como una pedagogía capaz de revalorizar la condición universal de nuestra vulnerabilidad ontológica. Un reconocimiento de lo que nos constituye y nos define como seres humanos y que puede hacer posible otro tipo de proposiciones. No se trata, pues, de educar para la autonomía sino para el reconocimiento de la interdependencia, lo que tendrá consecuencias radicalmente diferentes en la constitución de los sujetos, las relaciones humanas y las políticas legisladoras.

 

¿Tienen los profesionales sensibilidad y herramientas para salir al encuentro de personas con situaciones de vulnerabilidad?

Hoy día los profesionales carecen de herramientas y la formación sobre las mismas es bastante deficitaria en el currículum disciplinario. El contexto no acompaña ante un panorama más tecnificado, mercantilista y de gestión sostenible. Solo la sensibilidad hacia la vulnerabilidad, hacia los aspectos emocionales, relacionarles y espirituales despierta la inquietud para formarse y mejorar en las habilidades que facilitan el encuentro humano en el sufrimiento…

Ahora más que nunca, no se puede ser un gran profesional sanitario si antes no se hace una gran persona.

 

4. Finalmente, díganos un motivo por el que leer su libro.

Mi deseo con este libro es unirme a quienes desean deconstruir, a los que no se conforman, a los que innovan, a los que siguen pensando, a los que se arriesgan, a los que tienen curiosidad e interés, a los que continúan formándose, a los que creen que hay mucho por mejorar, a los que no se dejan comprar su voluntad, a los que no aceptan la natural mediocridad y se afanan por una vida llena de significado porque se suman a abrazar, con todos nuestros esfuerzos humanos y mejoras técnicas y conceptuales, la ineludible presencia de la vulnerabilidad humana en el sufrimiento de la enfermedad, la muerte y el duelo.

 

Ya disponible libro  Compasion por la perdida