El progreso científico lo permitía y las razones morales con el FIN de «salvar vidas» determinaron que los Estados Unidos de América lanzara las dos bombas atómicas sobre población civil. Hiroshima (6 de agosto de 1945) y Nagasaki (9 de agosto de 1945), ciudades masacradas para que se alcanzara el final de la II Guerra Mundial.
Los desastres que las guerras han provocado a lo largo de la historia no son comparables con la devastación producida por la bomba atómica. Con ella la guerra sufrió un cambio sustancial: ya no enfrentaría a hombres contra hombres, sino que dejaría todo el campo de acción a una sola potencia, a una fuerza tecnológica que deja a quien la sufre sin posibilidad de medirse con ella.
Casanova-Mayordomo, CG. El factor personalista de la Bioética. Ciencia, razón y verdad. 2022. pag. 163.