DOI: 10.69105/BYCS.2022.10.2.3

 

El Beato Franz Jägerstätter (1907-1943): un objetor de conciencia. 

La Objeción de Conciencia es un juicio de carácter ético -que no equivale a subjetividad, tendencia, gusto, hábito o deseo- sino que se trata de la resistencia que la persona ofrece al cumplimiento de una norma cuando ésta entra en conflicto con sus propias convicciones. Esta actitud conlleva por parte del que la realiza una coherencia de vida y, además, una proclamación de la verdad que defiende y no implica necesariamente actitudes tipificables como desobediencia civil. Esta actitud de abstención ante un deber jurídico está impulsada por imperativos axiológicos o morales -esto es el núcleo de la cuestión, teniendo un carácter secundario el hecho de que contradiga la norma- que tienen para la persona el rango de suprema instancia normativa. Es pues un rechazo a someterse a una norma o disposición de una ley positiva que se considera injusta. Es algo personal e íntimo. Muy ejemplar, y merece ser mirada con respeto. En ella, la persona que la practica antepone sus valores morales a las normas jurídicas. A veces podemos confundirla con la Desobediencia Civil que, por definición, es desobedecer ante una ley o decisión de gobierno de obligado cumplimiento, que se considera injusta y que en parte, crea litigios porque supone una transgresión social, que puede incidir en lo que opina una mayoría e incluso cambiarlo. También se puede confundir la Objeción de conciencia con la Objeción de ciencia, o incluso podemos dudar de ejercerla ante algo que se ve claro porque se duda si se sabe lo suficiente de esa materia. Esta objeción -de la que probablemente se hable en esta revista- exige prestigio profesional, consecuencia de estudios profundos de la materia que se trate.

En nuestro caso, como ya es tradicional en la revista de SAIB, se utiliza una película para mostrar un valor ético y bioético. En este caso, la Objeción de conciencia. Nos centramos en la película Vida oculta (Terrence Malixck, 2019), en la que se recoge los últimos años del granjero, Franz Jägerstätter. Dejaremos para el final, algunos aspectos de la película, comentando en primer lugar, su vida. Franz nació el 20 de mayo de 1907 en el pueblo de Sankt Radegund (Austria), hijo de madre soltera. Era conocido por su carácter iracundo. El año 1933, tuvo una hija extramatrimonial, Hildegard, de la que se ocuparía siempre. Tres años después, se casó con Franziska Schwaninger y fueron de viaje de bodas a Roma y allí comenzó a vivir la fe católica. Vivían felizmente, trabajando en la granja alpina, con sus tres hijas. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, los hombres comienzan a respaldar el nazismo, pero Franz no se deja arrastrar por la corriente mayoritaria. Se resiste a prestar juramento a Hitler y se convierte en el primer objetor de un mundo de ferviente nacionalismo y creciente ideología de odio. El amor incondicional de su esposa y su fe inquebrantable, se convertirán en sus principales aliados para afrontar las graves repercusiones que su decisión provocará, pues nadie se lo puso fácil. En los últimos días de su vida, Franz sintió de modo especialmente intenso el dolor que estaba causando a su familia y escribía mostrando sus sufrimientos y esperanzas. De estas cuartillas copio: “…Se dice que las palabras instruyen, pero los ejemplos arrastran. Y aunque uno callara como un muro, podría hacer mucho bien, pues así se puede ver a cristianos que, aun hoy, en plena oscuridad, son capaces de alzarse con toda claridad, serenidad y seguridad, que en medio de tanta falta de paz y de alegría, con tanto egoísmo y odio se levantan con la más pura paz, alegría y ánimo de servicio. Que no son como una caña agitada por el viento”. Franz Jägerstätter murió guillotinado; reconocido como mártir, fue beatificado por el Papa Benedicto XVI el 26 de octubre de 2007. Entre los asistentes a la ceremonia, en la catedral de Linz, se encontraba su esposa con ya 94 años de edad.

Desde el punto de vista cinematográfico, me tomo la licencia de transmitir parte de las espléndidas recensiones realizadas por dos reconocido críticos de cine. Veamos:

“Existen pocos directores en el cine actual y en el de cualquier época con un sentido de la imagen tan prodigioso como Terrence Malick. Esa estética le sirve para crear auténtica poesía, describir los sentimientos más intensos, ser un humanista con mayúsculas. Ambientada en un precioso paisaje de las montañas austriacas, narra el nacimiento del amor entre una pareja de campesinos, su comunión con la naturaleza, su esfuerzo trabajando la tierra, el nacimiento de sus hijas, la compenetración de esta gente que se ha puesto de acuerdo con la vida con sus familiares y el trato cálido y solidario con los vecinos de la aldea, un presente feliz sin amenaza de nubarrones. Todo se vendrá abajo cuando el nazismo exija el reclutamiento del marido para combatir en la II Guerra Mundial. Este tipo nada locuaz se niega, sin hacer aspavientos. La objeción de su conciencia es inflexible. No quiere matar a nadie ni exponerse a que le maten, no quiere separarse de los suyos, es incapaz de responder al saludo ritual de Heil, Hitler! Y los habitantes de su entorno que tanto le querían antes le llamarán antipatriota y le acosarán, el ejército le enviará a prisión y le torturará, será ejecutado sin que consigan que este héroe sin atributos abjure de sus convicciones ni se muestre arrepentido. No hace filosofía con sus principios, no lanza discursos para justificarse. Simplemente sabe que su cerebro y su corazón no pueden ni quieren embarcarse en la guerra. Cuenta una escueta nota al principio de la película que este señor existió, que no es ficción. Y sientes mucha pena. También indignación. Y bendices que pueda haber alguien así en la vida real” (Carlos Boyero)-

“Claro que Terrence Malick es disperso, y excesivo, pero también preciso y concreto, y con una tozuda solidez de principios y fundamentos, tan espirituales (religiosos) como racionales y humanos. Es su estilo, su modo de expresarse, y no lo iba a cambiar precisamente aquí, donde nos cuenta la vida de alguien con principios, fundamentos, espiritualidad y con una trágica obstinación por mantenerlos. No vivimos en un mundo en el que los principios tengan más valor que los fines, ni que se precie más el «ser» que el «estar», pero bien se pueden dedicar tres horas a estimar en lo que valen los irrenunciables principios de Malick y de su personaje” (Oti Rodríguez Marchante).

Creo que ya es suficiente y válido. Y que se puede concluir que en su vida y tal como se refleja en la película el Beato Franz Jägerstätter es un modelo maravilloso como objetor de conciencia. Algo muy captado por Malick que antes de los créditos finales en el film recoge este pensamiento George Eliot: ”Porque el bien creciente del mundo, depende en parte de actos al margen de la historia, y que las cosas no nos vayan tan mal a ti y a mí, como pudiera haber ocurrido, se debe en parte a los que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita”.

 

Actualización: 21-07-2025



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