DOI: 10.69105/BYCS.2023.11.1.3
Gloria Tomás Garrido.
Catedrática Honoraria de Bioética.
Universidad Católica de Murcia. España.
LOS REGLONES TORCIDOS DE DIOS (Oriol Paulo, 2022)
Título original: Los renglones torcidos de Dios
Título alternativo: God’s Crooked Lines
Año: 2022
Fecha de estreno en España en cines: 06-10-2022
País: España
Dirección: Oriol Paulo
Intérpretes: Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Loreto Mauleón, Javier Beltrán, Pablo Derqui, Adelfa Calvo, Francisco Javier Pastor, Samuel Soler, Txell Aixendri, Sergi Sáez, Federico Aguado, Antonio Buíl, Rosa Rovira, Mathilde Eloy
Argumento: Torcuato Luca de Tena (novela)
Guión: Oriol Paulo, Guillem Clua
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Bernat Bosch
Producción: Mercedes Gamero, Adrián Guerra, Ángel Blasco, Núria Valls
Distribuye en cine: Warner
La película, altamente comentada tanto desde el punto de vista cinematográfico como desde la vulnerabilidad de los distintos enfermos en un Centro psiquiátrico, es una magnífica adaptación de la novela de Torcuato Luca de Tena (publicada en 1979), la cual fue alabada en su día el psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nájera, que además la prologó.
Con la finalidad de documentarse el autor se internó durante dieciocho días en una institución psiquiátrica, donde convivió directamente con enfermos mentales, que le sirvieron de base para la creación de los personajes de la obra.
El argumento en la película -que en todo no coincide con la novela- es como sigue. Al parecer una investigadora privada, Alice, ingresa en el hospital psiquiátrico simulando una paranoia en la que destaca que “parece normal y que es capaz de convencer con sus argumentos”. Su objetivo es investigar el asesinato de un enfermo mental, ocurrido en el sanatorio, en circunstancias algo extrañas.
Todo ocurre en una oportuna ambientación del psiquiátrico en la Virgen de la Fuentecilla, mostrando sus dependencias, las alarmas, sus técnicas. Un momento de álgido suspense son los planos del incendio que afecta al centro psiquiátrico: se ha producido un asesinato, y los enfermos deambulan alterados por el patio bajo una impertinente lluvia, se encuentran muy alterados. Total que las cosas se complican una y otra vez, y la protagonista se enfrentará en su encierro con situaciones que ponen en duda su propia cordura, pues se encuentra con un intrigante mundo, totalmente desconocido para ella.
En el desordenado puzle del guión narrativo las piezas se encajan y se desencajan con una particular maestría; el suspense aumenta; ocurre lo que no se esperaba y se abren más sospechas; la música, con sus ruidos y estridencias, colabora para que el espectador cambie su empatía y comprensión por un personaje o por otro. A veces, Alice es la persona más audaz; otra la enferma más peligrosa. El frío director del hospital ¿está al margen? ¿O… es quizás el más certero e inteligente de toda la trama?
Ante estos panoramas, las preguntas se agolpan, aunque no se pierde el hilo ¿Cuándo es presente lo que se narra? ¿Cuándo pasado? ¿Cuándo es real lo que piensa la protagonista? ¿Acaso está drogada por un infame tratamiento? Inquietante. Hay mucho oficio. Mucho cine de verdad. Un olé gigante por los protagonistas Bárbara Lennie y Eduard Fernández. No quedan en segundo plano tantos actores desconocidos que representan desde la galería de enfermos mentales -con sus deformaciones y rarezas que llevan a la compasión y a la ternura-, al cuidado a los médicos y enfermeros en su difícil ejercicio profesional.
Se trata de una película en la que el laberinto de la intimidad de la protagonista, sus tantas contradicciones, la relación con su marido, su casa… te mantienen en vilo y no sabes si existe una sola Alice o múltiples y cuál es la que es.
Así, entre engaños permanentes y visos de realidad, van encajando pieza a pieza, las de este puzle cinematográfico de altura. De igual modo, la capacidad de diagnosticar del espectador va cambiando de parecer. Se ha dicho que la diversión del espectador de la película será proporcional a la capacidad que tenga de entrar en ese juego de verdad-mentira. También se puede decir que la actitud de este espectador, según como se compenetre con un enfermo u otro le dará mucho que pensar. Se verá la luz al final con la llegada del médico, que como experto profesional y conocedor de Alice, resuelve el rompecabezas delirante y magnético que nos envuelve.
Esta película en su constante ambigüedad, nos recuerda algo muy importante para el buen hacer profesional de los sanitarios: que entre los estados de salud y enfermedad no hay una distinción inequívoca, la línea divisoria no es precisa. Por ello, “Los renglones torcidos de Dios” puede abrir un horizonte bioético al conocer y comprender a los enfermos en distintas circunstancias. Una ocasión para un diálogo bioético profundo y abierto.
Claramente ya manifestó esta finalidad Torcuato Luca de Tena en la dedicatoria de su libro: “Los renglones torcidos de Dios son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces lo consiguen. La profunda admiración que me produjo su labor durante mi estadía voluntaria en un hospital psiquiátrico acreció la gratitud y el respeto que siempre experimenté por la clase médica. De aquí que dedique estas páginas a los médicos, a los enfermeros y enfermeras, a los vigilantes, cuidadores y demás profesionales que emplean sus vidas en el noble y esforzado servicio de los más desventurados errores de la Naturaleza”.
Actualización: 17-08-2024

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