Grandes avances tecnológicos están propiciando una expansión de las funciones cerebrales mediante los aparatos que median entre cerebro y ejecuciones prácticas. Personas tetrapléjicas pilotando Fórmula 1, pacientes afásicos que se comunican con fluidez, etc.
La interfaz creativa cerebro-máquina, los algoritmos de Inteligencia Artificial -IA-, las prótesis inteligentes como los exoesqueletos están ya permitiendo ir más allá de los límites patológicos de lesiones corporales -del sistema nervioso o no-, posibilitando la comunicación y movilidad a personas con esclerosis múltiples, parálisis congénita, etc.
Otras vías están abriendo campos a la conexión y control de las funciones cerebrales, mediante las máquinas o algoritmos inteligentes.
Derechos humanos como la libre opción de pensar, la elección de argumentos racionales, la privacidad de los juicios mentales o la autoría del propio lenguaje que conectan tan profundamente con la individual personalidad y la humanidad personal pueden ser comprometidos, cuando no invadidos o violados si el principio de precaución y la ética no guían a la tecnología.
El profesor Genser de la Georgetown University ( Jared Genser ) incide en llamar la atención sobre la íntima relación que guardan estos avances con el respeto a los derechos humanos, abogando por criterios trasparentes y códigos éticos que comprometan a las grandes compañías tecnológicas y de consumo.
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