DOI: 10.69105/BYCS.2022.10.1.2.1

 

 

 

Ballesteros J. Domeñar las finanzas, cuidar la naturaleza. Valencia: Tirant Humanidades; 2021.

 

 

Jesús Ballesteros, catedrático emérito de Filosofía del Derecho en la Universitat de València, fue uno de los pioneros en plantearse la cuestión sobre cuáles son las bases filosóficas de la relación entre el ser humano y la naturaleza. En este libro urge a superar la crisis ecológica, centrándose en la persona.

Los discursos políticos abundan en expresiones emocionales, propuestas sin estrategias e intereses nacionalistas antepuestos al bien común como ha quedado risiblemente de manifiesto en la Cumbre del Cambio Climático de Glasgow (aviones y coches en cortejos infinitos para cada gobierno)

Se conoce como nueva era del Antropoceno la surgida por la tecnociencia en el siglo XX. El hombre causa “destrucción de los recursos no renovables y la creación de residuos no reciclables”, en todos los rincones de la Tierra, alterando los sistemas naturales a veces irreversiblemente. La socionaturaleza, viene ser aquella en la que los procesos naturales están inseparablemente contaminados con las acciones humanas; la composición geológica de la Tierra ha cambiado (capas de plastiglomerados y tecnofósiles).

La alteración de la Naturaleza, sojuzgada a la acción humana y, por tanto, incontrolada en sus efectos colaterales perniciosos está justamente denunciado y combatido por los movimientos ecologistas. Algunos discursos alarmistas no deberían llevar a la opinión pública a la indiferencia o a dejar de plantear esta demanda a nivel personal y colectivo, con una respuesta ética y política.

El profesor Ballesteros identifica tres movimientos que enfrentan el escenario descrito: acelerar el proceso del control humano sobre la naturaleza -paradigma tecnocrático-; revertir la situación presente y volver a un estadio en que la naturaleza recupere su independencia -decrecentismo-; o mantener el sistema como hasta ahora articulando ajustes para solventar eficazmente los efectos colaterales -ecocapitalismo-.

El paradigma tecnocrático es la base de propuestas como la geoingeniería, a nivel planetario, o el posthumanismo en el ámbito de la especie humana. Dado que la naturaleza ha perdido fuerza propia y la tecnología puede cambiar el mundo material, es necesario actuar y asumir la evolución del mundo.

El decrecentismo entiende que el modo de vida actual junto al número de seres humanos resulta insostenible, debido a los propios límites naturales que han sido alterados y que convierten en imposible la vida humana en el planeta. Pide reducir el crecimiento económico, el demográfico o ambos. Avisa el profesor que esta propuesta acierta en identificar el problema en el modelo de desarrollo basado en el capitalismo financiero desregulado, que está generando explotación de personas y degradación del medio ambiente sin control. Pero le achaca que, sin embargo, no reconoce la necesidad del desarrollo tecnológico para garantizar una vida digna a los seres humanos presentes y futuros al buscar reducirlo. No reconoce que existe un derecho al desarrollo para las multitudes que viven en la miseria por todo el mundo, y que, en las sociedades desarrolladas, genera un deber correlativo de poner la tecnología al servicio de conseguir ese objetivo.

El ecocapitalismo defiende que es posible sostener un sistema productivo sostenible que resuelva los problemas ambientales del presente mediante la innovación tecnológica y sin necesidad de hacer cambios en el modelo capitalista: la modernización ecológica, la economía verde o la economía circular son algunas de sus versiones para combatir la pobreza y la degradación ambiental. La Agenda 2030 sobre los Objetivos del Desarrollo Sostenible estaría en esta línea. Si bien existen ya datos de modelos aplicados y procesos productivos más sostenibles, la limitación geográfica de muchos de estos (irregular implantación de la agenda 2030), queda en evidencia que aún son la especulación financiera y los beneficios inmediatos, los motores principales del sistema económico.

Sin embargo, subyace en las tres anteriores propuestas un error de base, según el profesor Ballesteros: la consideración marginal del ser humano, bien sea como un algoritmo deficiente, como un elemento de menor valor que la naturaleza o como un ser intercambiable sin reconocimiento de su singularidad y valor por sí mismo, de su dignidad.

La crisis ecológica, generadora de tantas desigualdades entre las personas y las condiciones de vida futura, puede ser afrontada centrándola en la persona arraigada a la vez en la naturaleza y responsable a la vez de sus cambios: “Un antropocentrismo humilde, según el cual el ser humano es un ser arraigado en la realidad, dependiente de Dios, de la naturaleza y de los otros”. Dependencia de la naturaleza, asumir la responsabilidad que tenemos de cuidarla, y la interdependencia entre todos los seres humanos. Así es posible la solidaridad y la justicia actual y futura.

Ballesteros está convencido de que el gran reto de la justicia y el Derecho en el presente consiste en defender al ser humano frente al poder incontrolado de la tecnología magnificado por el sistema capitalista -paradigma tecnocrático.

Desenmascara Ballesteros el motor filosófico del paradigma tecnocrático; el gnosticismo. La antigua gnosis rechaza el mundo creado por considerarlo criatura de un demiurgo perverso con afán pernicioso para la humanidad. El gnosticismo actual también rechaza este mundo, sin embargo, fía al progreso tecnológica la superación del mismo. Lo real pasa a valorarse a través de las matemáticas, la informática y el dinero. Todo lo que existe puede reducirse a número, y convertirse así objetos mensurables y manipulables.

Igualmente, la desconsideración del ser humano como criatura lo iguala al resto animales, al negarle lo propiamente humano, especialmente el valor de sí mismo y el respeto debido. Si a esto se añade la fascinación por la inteligencia artificial (no olvidemos que es fruto de la inteligencia humana), no es raro que se escudriñe la superación del mundo mediante las posibilidades tecnológicas que descartarían al ser humano e inventarían (encontrarían) el mundo y el ser posthumano.

Aún más allá del cientifismo, nos encontramos en un territorio posmoderno, donde se cae en el escepticismo hacia los logros modernos: la razón científica ha despreciado conocer la realidad al margen del método o las matemáticas. Y nos ha llevado a negar la posibilidad de conocer esa realidad. Ballesteros se muestra alineado con la denuncia posmoderna sobre la única posibilidad de la razón científico-técnica, pero apela a resistir contra quienes niegan a la razón humana cualquier posibilidad de conocimiento.

 



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