Hace diez años asistimos al descubrimiento del Bosón de Higgs por el Laboratorio europeo de física de partículas (CERN) en el Gran Colisionador de Electrones y Positrones (LEP): un anillo de 27 kilómetros en la frontera franco-suiza. Hito científico que confirma el Modelo Estándar de la Física de partículas, modelo que permite explicar las relaciones entre energía y partículas elementales masivas surgidas desde el Big Bang; en definitiva, la Física tal como es entendida actualmente. La predicción del modelo de Higgs data de la década de los 60 como fruto simultáneo de varios investigadores, entre ellos Peter Higgs. Cientos de miles de experimentos y miles de científicos están en el curso de este descubrimiento, y su origen, en la lejana formulación de la teoría de la relatividad por Albert Einstein.
Ciertamente el método científico, con la forzosa provisionalidad del dato científico, empeña sus energías en desentrañar la verdad de la realidad, por más que surjan interrogantes asombrosos y mundos desconocidos. Avanzar con el “progreso científico” parecía asegurar a la humanidad, como en el cuento antiguo, la ruta hacia la fuente del arco iris custodiada por duendes, hacia la felicidad. O no.
Precisamente del mundo científico, surgió la inquietud por las consecuencias de la ciencia aplicada sin ética, surgió la Bioética como puente entre los conocimientos científicos y los humanísticos con los objetivos de posibilitar la real y plena vida, la justa relación entre la civilización humana y la naturaleza en sentido global.
En una aparente desilusión con la falta de frutos positivos del progreso, el conocimiento humanístico ha fomentado una diversidad de perspectivas y resultados en el estudio de los fenómenos, tomando la autonomía personal como principio individualizador racional. Y he aquí que el hombre moderno se encuentra perplejo ante la posibilidad de conocer con mayor o menor certeza la verdad, y aún la misma realidad. Aflora la pujanza de la conciencia personal que sin embargo queda suspendida en vastos campos de relativismo y escepticismo, donde son fácil opción, las motivaciones consecuencialistas o utilitaristas que a la postre se determinan nihilistas. Se difuminan las diferencias entre lo bueno y lo correcto, entre lo malo y lo erróneo. Se pierde el atractivo por el bien, lo bello y lo verdadero.
La ética, testimoniada en la conciencia moral, es transmutada en la autenticidad del libre arbitrio inatento a la posibilidad de una verdad moral inmutable u objetiva. Y, sin embargo:
«Aquellos que militan contra los prejuicios de clase, la discriminación racial, el genocidio en masa, el colonialismo, el imperialismo o la guerra atómica,
actúan con la firme convicción de que estas cosas están mal, aun cuando un grupo particular o un gobierno o una ley las apruebe;
que están mal siempre y en todas partes;
que están mal en sí y que ninguna voluntad –ni colectiva ni individual- puede hacer que estén bien»[i].
Las sociedades modernas, en la voz de Zygmund Baumann, han perdido relación con un pasado sólido en términos de civilización, cultura e identidad, y desembocan en cúmulos de individuos “líquidos” con sentir y raciocinio superficiales, materialistas, intercambiables sin peso o valor, salvo en ocasiones, lo determinado por las economías de mercado y derecho. Desde un terreno tan inespecífico, las ciencias vuelven a lanzar un proyecto de “progreso» con el mejoramiento biotecnológico de corte transhumanista. Cabe cuestionarse ¿dónde debe situarse la Bioética atendiendo a su fin específico? ¿antes de que surjan los problemas o después de que la ciencia plantee escenarios posibles perjudiciales contra la Vida?[ii]
La hipertrofia de ese principio de autonomía personal parece haber incidido en la despersonalización de las relaciones clínicas. Una respuesta creciente en el ámbito de los sistemas sanitarios son las estrategias denominadas de Humanización, que persiguen la simpatía entre ciencia y humanismo con el objetivo de devolver protagonismo a valores básicos en las relaciones entre médicos y pacientes. ¿Impregna la ética médica el ejercicio profesional? ¿la educación de los profesionales sanitarios les dota de adecuadas habilidades, de recursos morales o deontológicos para centrarse en la mejor atención a los pacientes en temas tan sensibles como la confidencialidad o la reserva del secreto médico? Numerosísimas iniciativas y estudios no dejan de mostrar esa nostalgia y resurgimiento de los valores profesionales básicos. Valores y virtudes consolidadas en los profesionales cuya solidaridad les mueve a participar en campañas humanitarias en territorios críticos como nos narran en el peculiar “Granito de arena” Artículo especial en modo narrativo que la revista quiere presentar como denuncia de todos los conflictos violentos e injustos y, como reconocimiento a todos los que contribuyen a superarlos y a dignificar las condiciones de vida de las victimas.
Ha sido dicho que no hay buena bioética sin buenos datos. Ese parece comportarse como un leitmotiv en la larguísima trayectoria investigadora y divulgadora de la doctora López Moratalla. La Bioética, en su autorizada voz, precisa del dato biológico contrastado. En “Bioética desde la corporalidad” (2022) aborda unos de los campos más atractivos, prolíficos y pertinentes en esta disciplina como es la singular vida humana, la corporalidad y sus expresiones, los rasgos de hominización y humanización insertos en la biología mamífera humana de mujeres y hombres. No evade la profesora López las relaciones o puentes bioéticos con la antropología y con la ética, abordando directamente la cuestión de la conciencia en relación con actuaciones directas sobre seres humanos y la ética médica.
¿Puede evadirse una persona de realizar una acción que a juicio de su conciencia falte a la verdad conocida por su ciencia y entendimiento? En concreto, en las ciencias de la salud donde se advierte un palpable sesgo hacia el bioderecho como fundamentación de la deliberación bioética ¿Pueden observarse signos de una amenaza contra la libertad de las conciencias individuales en la legislación occidental[iii] y en el colonialismo cultural? El profesor Diego Gracia, recordaba en un reciente evento sobre la Ley de Eutanasia española a la filósofa que nos hizo apreciar “la banalidad del mal (moral)” Decía Hannah Arendt: “Quienes confunden la ética con el derecho no son fiables. Porque cuando cambia la ley, cambian ellos” Nuestra sección narrativa presenta un film cuya trama es la libertad de la conciencia de su protagonista frente al poder establecido y leyes injustas, hasta un escenario de heroicidad.
Los últimos años han propiciado sin duda el diálogo entre ciencia y humanismo, ya que la Pandemia por el sars-cov-2 surge y continúa amenazante para los enfermos y fallecidos, para la tensión en los sistemas sociosanitarios y para el conjunto de la vida social y las relaciones entre los países. Los autores de «Un paseo por la ética actual» se muestran esperanzados en las respuestas humanizadoras que hemos desarrollado colectivamente:
“…hemos conocido estos días … ejemplos iluminadores: los profesionales de la sanidad -en destacado lugar-, los encargados de la distribución, del orden público, …dando muestras de coraje, laboriosidad y capacidad de sacrificio. … (y) de una nueva y sorprendente liturgia social, el aplauso al atardecer, vamos aprendiendo la virtud del agradecimiento.
Ojalá este epílogo, hoy oportuno, resulte pronto obsoleto y cuente sólo a modo de testimonio de tiempos convulsos felizmente superados,
de tiempos que han dejado tras de sí una humanidad mejor y más sabia”[iv]
[i] Burke, C. Conciencia y libertad. Ed. Rialp. 1976. Pág. 23. ISBN: 84-321-1856-7
[ii] Echarte-Alonso, LE. Biotecnología de la mejora moral. Más allá de la estética crepuscular del último hombre. [internet] Bioética y Ciencias de la Salud. 2022 Enero-Junio; Vol. 10 (1).
[iii] Diez-Fernández JA. El tratamiento de la objeción de conciencia en la Ley de la eutanasia. [internet]Bioética y Ciencias de la Salud. 2021 Julio-Diciembre; Vol. 9 (2).
[iv] Marcos A, Alonso CJ. Un paseo por la ética actual. Digital reasons. 2020. Pág. 207-208. ISBN: 978-121209-2-9
DOI: 10.69105/BYCS.2022.10.2.0
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