La SAIB y la Universidad CEU Fernando III celebraron la jornada anual 2026, el pasado 8 de abril con el tema “El cuidado en la Vulnerabilidad”

Abrieron la jornada María C Colchero de SAIB y Esperanza Marín.

La profesora Esperanza Marín de la Universidad CEU Fernando III inició el acto tomando en consideración el hecho de la limitación, de la vulnerabilidad humana, connatural a nuestro vivir. Este hecho es generador de las respuestas de ayuda solidaria y de cuidado. La sociedad moderna individualista enfrenta una controversia a la vulnerabilidad, que es irreal pero muy atractiva y distractiva, teniendo que lamentar amplias fallas en términos de soledad, desesperanza y sufrimiento. Cuidarnos como tarea humanizadora, no sólo es continuidad con la historia, sino factor de cohesión y de construcción de la paz en las sociedades.

 

 

En la jornada se presentó el Libro “La humanidad cuidadora” coordinado por los profesores Emilio García Sánchez y Luisa García Garcés, introducido por Juan de Dios Serrano de SAIB.

El profesor Emilio García explicó el curioso hecho inicial del proceso de este libro: fue el descubrimiento de Benjamina en Atapuerca. Su condición congénita de vulnerabilidad le hubiera impedido alcanzar sus 12 años de edad, si no hubiera sido cuidada por las personas de su entorno, quienes le dieron un enterramiento igual al de los demás. ¿Por qué cuidamos? ¿Tiene el hombre una peculiar misión de cuidar? Precisamente, esta misión de cuidar tuvo ocasión de evidenciarse en unas circunstancias trágicas y no previsibles para las actuales sociedades. Primero fue la pandemia COVID-19 que impactó fuertemente en los conceptos de seguridad y control de la poderosa sociedad moderna. Y segundo, en Valencia, se vivió el desastre de la DANA en 2025 con tantas pérdidas de vidas humanas, y de nuevo con la pérdida instantánea de seguridad y control, prolongada por las dificultades de la rehabilitación y superación de los duelos.

El libro cuenta con la participación de ilustres expertos, y muestra desde las condiciones genéticas de la especie humana que le capacitan para estar al tanto de los demás y cuidarles, hasta el amplio campo de profesionales en torno a la salud, la innata atención que el hombre presta a la Tierra e incluso un capítulo sobre economía justa ya que han de conciliarse el reconocimiento a los que cuidan: familias, vecindario, amistades, etc., con el desarrollo de programas humanizadores de cuidados a los distintos grupos que van limitándose como naciones, enfermos crónicos, etc.

En la segunda parte, el profesor José María Domínguez de la Universidad CEU Fernando III, nos hizo considerar “el sufrimiento humano”. Como tal está muy de moda en la opinión pública, pero, según el profesor, no ha sido estudiado históricamente en Medicina y esto ha provocado que su abordaje sea muy parcial y con un éxito menor. Resulta muy necesario conocerlo, quizá más pertinente en las sociedades utilitaristas que generan condiciones de aislamiento y exigencias sobrehumanas, causantes de verdadero sufrimiento. Múltiples factores se hallan en su génesis: personales como el pasado vivido, los recuerdos, el cariño o la violencia sufrida; orgánicos como enfermedades, dolor refractario o la pérdida de funcionalidad autónoma; contextos culturales como la negación del valor ser mujer en Asia en un multiculturalismo; etc. ¿Ha puesto la Medicina toda su ciencia y entender para acercarse al sufrimiento como entidad diferencias del dolor físico? ¿Hay herramientas adecuadas, más allá de las que ofrezca p.e. la medicina paliativa, para atender, curar o al menos paliar el sufrimiento? Hay personas que han estado en una UCI, sobreviviendo a un intento de suicidio, y siguen viviendo años después. Curaron ese sufrimiento insoportable. El reto es, por tanto, pertinente: los profesionales sanitarios han de conocer, diagnosticar y saber abordar el sufrimiento de las personas.

En el coloquio posterior se abordaron entre otras cuestiones las preocupaciones ante los cuidados de enfermos neurológicos, cómo han de ser los programas en centros sociosanitarios que impliquen también a las familias, o si el sufrimiento puede considerarse en algunas culturas como signo de crecimiento, dando lugar a un sabroso diálogo multidisciplinar tan propio de la Bioética.

Cerró la jornada Gloría M Tomás, presidente de SAIB.