DOI: 10.69105/BYCS.2026.14.2.4

 

El doctor y profesor don José María Domínguez Roldán ha vinculado su vida profesional en la asistencia a enfermos críticos con la constante reflexión que surge de la práctica médica a través de la ética y la deontología. Su labor asistencial la ha desarrollado como médico especialista en cuidados intensivos en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla donde ha sido Jefe clínico hasta 2025. Es Doctor en Medicina por la Universidad de Sevilla y  Doctor en Bioética por la Universidad Católica de Valencia con una aproximación al diagnóstico de muerte cerebral desde la incapacidad irreversible —muerte— para dar soporte a las funciones de la persona. En el mismo Hospital participó en el Comité de Ética asistencial.

En ámbitos profesionales es presidente de la Comisión de Ética y Deontología Colegio Médicos Sevilla, y miembro de la Comisión de Deontología Consejo Andaluz Colegios Médicos. Fue elegido como miembro de la Comisión de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial de España, siendo actualmente su presidente. Bajo su impulso se ha editado la última versión del Código de Deontología médico que fue presentado en las Cortes españolas.

Es Presidente de la Federación Temática de Ética Médica de la Unión Europea de Médicos Especialistas, sección inaugurada con su presidencia, pues nunca anteriormente había existido en esta organización. Ha sido vocal del Comité de Bioética de Andalucía y Coordinador de la Estrategia de Bioética de Andalucía hasta 2025.

Ha sido Profesor Asociado en la Universidad de Sevilla hasta el año 2025, y actualmente es Profesor de Bioética de la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida de la Universidad CEU Fernando III. Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Sevilla y miembro del Observatorio de Bioética de Universidad Católica de Valencia.

El doctor Domínguez, amablemente, nos concede esta entrevista, donde queremos valorar su trayectoria magisterial y el honor de contar con su inestimable colaboración en jornadas y congresos de nuestra sociedad.

 

  1. La medicina es una ciencia que presenta una suerte de mixtura del ejercicio del método científico y su progreso, con la humana atención al semejante sin discriminación. Puede rastrearse esta realidad fáctica en todas las civilizaciones, con distintos matices. ¿Cuáles son las notas que pueden explicar este modelo científico-humanista?

Después de más de cuatro décadas ejerciendo la Medicina Intensiva, he llegado a la convicción de que la medicina es una de las actividades humanas más complejas precisamente porque integra dimensiones aparentemente distintas: ciencia, técnica, ética y compasión.

En la Unidad de Cuidados Intensivos he comprobado que la excelencia científica resulta indispensable, pero insuficiente. Cuando un  paciente ingresa en situación crítica, el médico debe interpretar datos, imágenes, biomarcadores y algoritmos pronósticos. Sin embargo, al mismo tiempo debe comprender quién es esa persona, cuáles son sus valores, qué esperan sus familiares y qué significado tiene para ellos la enfermedad que están viviendo.

La medicina no es únicamente una ciencia aplicada; es también una profesión moral. Su singularidad radica en que el conocimiento científico está orientado hacia el cuidado de una persona vulnerable que deposita su confianza en otro ser humano.

Por eso considero que el modelo científico-humanista descansa sobre cuatro pilares fundamentales: el rigor científico, el respeto incondicional a la dignidad humana, la prudencia ética y la vocación de servicio. Cuando alguno de ellos desaparece, la medicina pierde parte de su identidad. Pedro Laín Entralgo afirmaba que el enfermo no es un caso clínico sino una persona que sufre. Pienso que esta afirmación conserva hoy toda su vigencia.

 

  1. Las posibilidades tecnológicas parecen estar en un proceso de expansión casi infinito. ¿Cómo seguir proponiendo la vigencia de este modelo científico-humanista sin sucumbir al cientifismo?

La historia reciente de la medicina podría interpretarse como una sucesión de éxitos tecnológicos extraordinarios. Hemos asistido al desarrollo de la genética molecular, los trasplantes, la monitorización avanzada, la inteligencia artificial o la medicina personalizada. Sin embargo, existe una diferencia importante entre ciencia y cientifismo. La ciencia constituye uno de los mayores logros intelectuales de la humanidad. El cientifismo aparece cuando creemos que la ciencia puede responder por sí sola a todas las preguntas relevantes sobre el ser humano.

Como intensivista, he trabajado durante años rodeado de tecnología de máxima complejidad. Precisamente esa experiencia me ha enseñado que algunos de los problemas más importantes de la práctica clínica no son exclusivamente técnicos. Ningún monitor puede medir el sufrimiento. Ningún algoritmo puede determinar por sí solo qué decisión es moralmente correcta. Ninguna inteligencia artificial puede asumir la responsabilidad ética que corresponde al profesional.

La tecnología debe ayudarnos a ser mejores médicos, no a convertirnos en operadores de sistemas tecnológicos. El riesgo no es que la inteligencia artificial sustituya al médico; el verdadero riesgo es que el médico termine sucumbiendo ante la inteligencia artificial.

La medicina seguirá siendo profundamente humana mientras el juicio prudencial, la deliberación ética y la responsabilidad personal continúen ocupando el centro de la decisión clínica.

 

  1. La ética precisa de conocimiento, compromiso y vivencia, por la misma naturaleza de esta ciencia moral. ¿Podría citar, a su juicio, las fuentes de este conocimiento para los profesionales de las ciencias de la salud, y si es posible, los riesgos que pueden interferir ese conocimiento?

La ética profesional no surge espontáneamente. Requiere formación, reflexión y experiencia.

Desde mi perspectiva, las fuentes fundamentales de conocimiento ético son cuatro. La primera es la tradición moral de la medicina, representada por el legado hipocrático y por siglos de reflexión profesional. La segunda es la bioética contemporánea, que proporciona instrumentos metodológicos para analizar conflictos complejos. La tercera es la deontología médica, que expresa los compromisos que la profesión asume ante la sociedad. Y la cuarta es la experiencia clínica cotidiana.

Como presidente de la Comisión de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial de España, he podido comprobar que muchos conflictos éticos actuales no derivan de la mala voluntad de los profesionales, sino de la dificultad creciente para orientarse en contextos complejos y cambiantes.

Entre los riesgos actuales destacaría tres. El primero es el relativismo, que debilita la posibilidad de formular juicios éticos sólidos. El segundo es el legalismo, que identifica la ética con el mero cumplimiento normativo. El tercero es la fascinación tecnológica, que puede hacer olvidar que la finalidad de la medicina no es producir datos sino cuidar personas. La ética clínica exige algo más que conocimientos. Exige carácter moral. Y este se forma mediante el estudio, el ejemplo de buenos maestros y la práctica continuada de la reflexión prudencial.

 

  1. En el mundo de la ciencia, debería ser obligada la referencia a la Bioética. como aquella reflexión metodológica sobre la aplicación de la ciencia y sus consecuencias sobre el ser humano y el planeta. ¿Considera asentada la Bioética en el quehacer científico de las ciencias de la salud, y concretamente en Medicina? A veces, parece quedar como una pátina de prestigio. ¿Son adecuados los esfuerzos para su aplicación en la jornada diaria del médico? ¿Puede quedar eclipsada por el Derecho?

La bioética ha alcanzado una posición impensable hace apenas cincuenta años. Hoy forma parte de los planes de estudio universitarios, de los proyectos de investigación y de las estructuras asistenciales. Sin embargo, tengo la impresión de que todavía existe una cierta distancia entre la bioética académica y la práctica clínica cotidiana. En ocasiones se percibe la bioética como un discurso complementario, cuando en realidad debería formar parte del núcleo mismo de la actividad profesional.

La buena práctica médica siempre contiene una dimensión ética. Cada decisión diagnóstica o terapéutica incorpora implícitamente juicios sobre beneficios, riesgos, proporcionalidad, autonomía, vulnerabilidad o justicia. Respecto al Derecho, conviene recordar que ética y Derecho responden a preguntas distintas. El Derecho pregunta qué está permitido. La ética pregunta qué es correcto hacer.

Durante los últimos años hemos asistido a una creciente juridificación de numerosos problemas biomédicos. Este fenómeno tiene aspectos positivos, pues aporta seguridad jurídica. Sin embargo, sería un error reducir la reflexión moral al cumplimiento de normas legales. La excelencia profesional exige ir más allá de la mera legalidad. La deontología médica representa precisamente ese espacio en el que la profesión reflexiona sobre aquello que debe hacer, incluso cuando la ley guarda silencio.

 

  1. En la patria de Gregorio Marañón, Pedro Laín, Gonzalo Herranz y tantas otras u otros doctos profesionales, existe una tradición de medicina centrada en el paciente, con su peculiar personalidad dentro de la enfermedad, con sus temores y esperanzas, etc. Qué puede aportar esta tradición ante situaciones actuales, entre otras: la exorbitante tecnificación de la llegada a la vida o de la partida de ella, la sustitución de la relación personal por aplicaciones robóticas, o la permanencia del respeto a la privacidad y confidencialidad, p.e.

Creo que esta tradición constituye una de las aportaciones más valiosas de la medicina española al pensamiento biomédico contemporáneo. Marañón, Laín o Herranz comprendieron que la enfermedad afecta siempre a una biografía. El paciente no es un conjunto de órganos ni una colección de datos clínicos. Es una persona que vive una experiencia de vulnerabilidad.

Esta visión resulta especialmente relevante en una época marcada por la inteligencia artificial, la medicina basada en grandes datos, la reproducción asistida avanzada o los debates sobre el final de la vida.

En mi actividad profesional he participado durante décadas en procesos relacionados con el daño cerebral catastrófico, la muerte encefálica y la donación de órganos. Estas situaciones ilustran perfectamente la necesidad de integrar ciencia y humanismo. La precisión diagnóstica es imprescindible, pero también lo es la sensibilidad hacia las familias, el respeto a los valores del paciente y la comprensión de la trascendencia humana de las decisiones.

Algo semejante ocurre con la inteligencia artificial. Puede ayudarnos extraordinariamente a diagnosticar y tratar enfermedades. Pero jamás debería erosionar la relación de confianza entre médico y paciente. También debemos recordar una idea fundamental: la historia clínica contiene información extremadamente valiosa, pero esa información pertenece a una persona cuya dignidad debe seguir siendo el criterio rector de cualquier utilización tecnológica.

 

  1. Si desea añadir algo como conclusión, 

Permítanme concluir con una reflexión nacida de la experiencia. He dedicado mi vida profesional a la medicina intensiva, una especialidad en la que la fragilidad humana se manifiesta con extraordinaria intensidad. He visto recuperar la salud a pacientes que parecían no tener esperanza. He acompañado a muchas familias en momentos de enorme sufrimiento. Y he aprendido que la medicina alcanza su mayor grandeza precisamente cuando reconoce sus límites.

Vivimos una época fascinante. Probablemente la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías transformarán más la medicina en las próximas décadas que todo lo ocurrido en el último siglo.

Pero también creo que los grandes interrogantes seguirán siendo los mismos: qué significa cuidar, qué debemos a los pacientes, cómo respetar la dignidad humana en situaciones de vulnerabilidad y cómo ejercer responsablemente una profesión que trabaja con bienes tan valiosos como la vida, la salud y la confianza. La medicina del futuro necesitará científicos brillantes. Pero también necesitará médicos capaces de escuchar, deliberar, acompañar y servir.

Si tuviera que resumir en una sola frase lo que he aprendido durante estos años diría que la mejor medicina siempre será aquella que une competencia científica, sensibilidad humana y responsabilidad moral.

 

 

 



Licencia de Creative Commons
Revista BIOÉTICA Y CIENCIAS DE LA SALUD by SOCIEDAD ANDALUZA DE INVESTIGACIÓN BIOÉTICA is licensed under a Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0).