Eulalia Álvarez,

La bioética hecha poesía

Edición Todoverso, Córdoba, 2022

Reseña realizada por:

Beatriz López Pastor

IES Séneca, Córdoba

 

 

Quizás para un lector lego en materias médicas, la palabra bioética pueda resultarle algo ajena, distante. Evocarle asépticos pasillos de hospital, reuniones de expertos en frías salas iluminadas por lámparas fluorescentes. Temas confusos y alambicados que nada tienen que ver con el día a día de una persona normal de carne y hueso, de esas que se levantan a las 6:45 cada mañana y tienen poco tiempo para dedicarlo a “supuestas reflexiones inanes”.

En este punto es donde entra en juego el reciente poemario escrito por Eulalia Álvarez, La bioética hecha poesía, en la editorial Todoverso. Esta profesora de origen portugués aunque afincada en Extremadura y Madrid, ha recibido varios premios de literatura entre los que destaca el de Poesía de Amor de Collado Villalba en 2007 y 2009.

Con este libro, Eulalia Álvarez pretende acercar la bioética a un público no especializado, de ahí que en su expresión huya de un estilo rebuscado o barroco y haga de la sencillez su característica predominante. Podríamos decir que la función principal de estos poemas es “hacer pensar”, pero de una forma amena y ligada con la belleza. Ciertamente, este recurso de combinar arte y pensamiento ha sido una constante a lo largo de nuestra historia. Recordemos, por ejemplo, que ya en la Antigua Grecia, los versos de Homero, además de deleitar al lector con sus narraciones inverosímiles, también servían para transmitir valores morales tales como lealtad, amor a la patria, a las tradiciones, etc. Vemos, pues, que la reflexión ética nunca ha estado reñida con el arte.

Hasta aquí hemos explicado la vinculación entre ética y poesía como un binomio que se ha dado más o menos de forma constante a lo largo de la historia. Sin embargo, nos falta aclarar el prefijo “bio” que modula y restringe el significado de ética. En este caso, el significado de “bioética” sería algo así como la “ética de la vida” desde sus orígenes en la concepción de un embrión hasta finalizar con la muerte. Así pues, los temas que van a surgir en el presente libro no son otros que los dilemas acerca del aborto, la eugenesia, la eutanasia, los vientres de alquiler así como que añade otros como el alcoholismo, las drogodependencias, el alhzeimer y el cáncer infantil que afectan también a la dignidad humana. En este punto cabría preguntarse ¿Por qué en una sociedad como la nuestra, en pleno siglo XXI, donde se supone que hemos llegado al culmen de la civilización y del pensamiento racional es imprescindible abordar estas cuestiones sobre las que aparentemente está todo dicho? ¿No deberíamos pasar página y adaptarnos a los avances de la ciencia? Si queremos dar una respuesta en profundidad a estos interrogantes debemos necesariamente pararnos a considerar lo que entendemos por dignidad humana. Jonathan Haidt en su célebre ensayo The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion, (ed Vintage, 2012) divide a las personas en dos grupos principales según el sentido moral que posean: por un lado, nos habla de las sociedades tradicionales para las que la vida humana tiene un valor muy superior al del resto de criaturas que pueblan el planeta. Para ellas, el mero hecho de pertenecer al género humano otorga al individuo un estatus especial que hay que proteger desde los comienzos mismos de su creación hasta su muerte natural. Por nada ni por nadie se puede interferir en el “sagrado don de la vida”. Por otro lado, Haidt nos habla de las sociedades Weird (Western, Educated, Industrialized, Rich and Democratic) o, lo que traducido significa sociedades occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas. Este segundo grupo apenas considera al ser humano como una pieza más en el complejo ecosistema del planeta. La vida no es sagrada “per se” sino que depende de las circunstancias en que sea vivida. Como el lector bien podrá ir deduciendo, estas dos sistemas de pensamiento mantienen posturas diametralmente opuestas en lo que a cuestiones de bioética se refiere. Por un lado, los tradicionales defienden que el valor de la vida es absoluto mientras que para los weird la vida solo tendría un valor relativo dependiendo de en qué coyuntura se presente.

Llegados a este punto, quizás ya el lector se haya ido posicionando a uno u otro lado del espectro que hemos ido esbozando en nuestra exposición. Solo nos gustaría hacer una breve puntualización para poder entender dónde reside la originalidad de Eulalia Álvarez a la hora de escribir La bioética hecha poesía. Pues bien, como el lector podrá deducir, las leyes de los países occidentales han ido evolucionando desde una perspectiva tradicional a una perspectiva weird. Esto es el resultado de un hondo cambio en el sentido moral de sus habitantes. Este cambio no se ha fraguado en un solo día, sino que es el fruto de constantes campañas educativas que intentan enseñar nuevos valores a sus ciudadanos. Dicho de otro modo, los ideales weird no solo se están imponiendo, sino que rechazan y anulan a los tradicionales acusándolos de retrógados. Según el propio Haidt (opus cit.):

 

“La moralidad weird es “inusualmente estrecha” y centra su atención en solo algunos aspectos del ser humano como la libertad individual y la opresión a los individuos y rechaza duramente otras concepciones de  la moral más tradicionales, tachándolas de opresivas y    oscurantistas.”

 

Expuestas todas estas cosas, no queríamos dar la impresión de que censuramos todo lo moderno en aras de la añoranza de tiempos pasados mejores. Es indudable que la modernidad ha traído muchísimos avances en cuestiones como la justicia, la equidad, la defensa de los colectivos oprimidos, el cuidado de la naturaleza… Lo reprobable del pensamiento weird es que se considere el pensamiento por antonomasia y rechace otras concepciones de la moral que muy bien pudieran completarse con él.

Volviendo al tema que nos ocupa, que es el libro de Eulalia Álvarez, observamos que una de sus novedades radica en que defiende una concepción tradicional de la existencia. Es novedad  no porque exprese ideas nunca antes referidas, sino porque se atreve a cuestionar el status quo dominante con sus palabras. Así vemos que en el poema “una oportunidad” se hace un alegato en contra del aborto. Para ello utiliza la voz del no nacido que intenta convencer a su madre para que lo deje vivir. A medida que va transcurriendo el poema, se acentúa la desesperación del nonato ante la inexorable llegada de una muerte prematura:

 

“Te agradeceré la vida,

nunca te voy a juzgar,

y si lo permite Dios,

me volverás a encontrar,

y yo te llamaré…madre,

o si prefieres, mamá.

¡Yo me merezco vivir!

¡Dame una oportunidad!”

 

(Eulalia Álvarez, La bioética hecha poesía, Córdoba, Todoverso, 2022, P.18)

 

Esta angustia del feto se ve reforzada por la repetición del estribillo “¡Dame una oportunidad!”, que nos recuerda a la petición de clemencia de un condenado a muerte, esta vez con la seguridad de no haber cometido ningún delito.

El poema “No apagaré mi luz” se centra en la eutanasia. Aquí podemos observar como en ningún otro poema lo que hemos explicado más arriba acerca del sentido sagrado de la vida: nadie tiene la potestad de decidir qué vida merece la pena y cuál no. Para ello, clama contra la sociedad weird:

 

“¿Muerte digna? ¿Libertad?

¿No acompañar? ¿Expulsar?

¿Sociedad muy avanzada

sin obligación social?

¿Píldora para el cansancio

del derecho más vital

o presión de familiares

por el ansia de heredar?”

(“No apagaré mi luz” Opus cit. p. 33)

 

Es curioso observar cómo la expresión “muerte digna” tan repetida por las voces  progresistas, choca frontalmente con la idea vital que posee Eulalia Álvarez de respeto por la vida hasta en sus últimos momentos.

Acaso sea el tema del vientre de alquiler el punto de unión entre ideología tradicional y weird. Para Eulalia Álvarez, en concordancia con sus ideas tradicionales, la vida humana no puede ser objeto de compra-venta. Así, es también el propio nonato el que expresa:

 

“Sin Amor me concebiste,

no me siento ni bastardo,

tan solo una mercancía,

un capricho despiadado”

(“Vínculo sagrado”, Opus cit. p. 22)

 

Como hemos apuntado más arriba, la maternidad subrogada supone un vínculo de unión entre tradicionales y weird. Recordemos, por ejemplo, la campaña: “no somos vasijas” promovida por grupos feministas que, entre otras cosas, sí defienden el aborto. Este es un claro ejemplo de que ambas actitudes ante la vida no son irreconciliables y que por medio del diálogo y la reflexión conjunta se puede llegar a un acuerdo en estos temas.

Aparte de esta temática un poco más polémica por su oposición a la ideología dominante, Eulalia Álvarez también trata en sus poemas otros asuntos que no provocan tanta controversia como por ejemplo la donación de órganos, que defiende a ultranza, el rechazo al alcoholismo y a la drogadicción, la compasión por los niños enfermos, la lucha contra el alhzeimer, etc.

Finalmente, debemos apuntar que en el estilo utilizado destaca la claridad como nota predominante. Tengamos en cuenta que son poemas que pretenden llegar a un máximo de lectores, especializados o no, hacer que salgan de su zona de confort y se impliquen en una sociedad que poco a poco ha ido dejando de creer en la dignidad de la naturaleza humana.