Okoye,  Ebelechukwu Judith. Licenciada en Farmacia. Directora del Proyecto AMAD  de Desarrollo de Liderazgo y Emprendimiento. Nigeria.

 

Resumen ponencia en Congreso “Cuestión de Derechos Humanos: vulnerabilidad, no discriminación. Puentes desde la Bioética”

 

Cómo enfrentarse al desafío del liderazgo femenino mientras se resuelven problemas sociales

Nigeria tiene la población más grande de África, alrededor de 162.5 millones de personas. De esta magnitud, prácticamente el 50% son mujeres;  más de 80 millones de niñas y mujeres. Por lo que es fácil comprender que cualquier discusión sobre el futuro de Nigeria debe necesariamente incluir la consideración del papel de las niñas y las mujeres.

Tan importante como su número, es el rol que desempeñan porque las mujeres en Nigeria tienen que enfrentarse a numerosos desafíos.

Muchas mujeres, sobre todo en las zonas rurales, no pueden acceder a la educación después del nivel secundario, muchas se ven obligadas a abandonar la escuela e iniciar un matrimonio precoz, a  aceptar la servidumbre doméstica involuntaria e incluso al tráfico de personas. Hace pocos días he leído en la prensa que en España se había desarticulado una red que explotaba a mujeres nigerianas a las que habían traído con engaño y mantenían en un régimen de esclavitud. Esto sucede allí cada día. Les prometen trabajo y futuro y una vez que las sacan del país las tienen como esclavas, sometidas a todo tipo de abusos.

Aunque cada día aumenta la clase media, formada y profesional, la situación de muchas mujeres en  Nigeria es dramática. Las violaciones son sistemáticas en todo el país. La violencia en el seno de la pareja también. Y los agresores no asumen ningún tipo de culpa. Las niñas son obligadas desde hace siglos a casarse con hombres mucho más mayores. Aunque la Declaración de los Derechos del Niño, aprobada en 2003, establece la edad mínima para el matrimonio en los 18 años, sólo 23 de los 36 estados de Nigeria han aplicado alguna medida, porque la constitución nigeriana no establece una edad mínima para contraer matrimonio y la realidad es que cerca del 20% de las niñas se ven obligadas a casarse antes de los 15 años. Algo parecido sucede con la ablación del clítoris, en la que Nigeria encabeza el ranking mundial. Todo ello se agrava en las zonas rurales y en el norte del país, donde el grupo terrorista islámico del Boko Haram ha complicado todavía más su compleja situación. Todos conocemos el caso de las 276 niñas secuestradas mientras estaban en la escuela.  Las mujeres en el norte de Nigeria no tienen derecho a recibir educación, ni a hablar, ni a vestirse como quieran, ni pueden siquiera viajar solas. Dependen siempre del permiso de un hombre. Desde 2002, con la irrupción del terrorismo, son violadas, esclavizadas, vendidas e incluso usadas como arma en los atentados.

 

Un recurso inexplorado.

Las mujeres siguen siendo el recurso oculto que queda completamente inexplorado. No hay duda de que las mujeres pueden contribuir enormemente al desarrollo nacional y al progreso económico, también son un camino seguro hacia el progreso sostenible en la sociedad, pero para eso necesitan la educación que les permita asumir funciones de liderazgo. Estos factores se aprecian en todas las oficinas políticas y públicas del país. La brecha de género es amplia y el porcentaje de mujeres nigerianas que ocupan cargos públicos es bajísimo en comparación con el de los hombres.

Esta situación nos hizo pensar en un programa que hiciera conscientes  a las estudiantes universitarias de sus oportunidades y responsabilidades y al mismo tiempo contrarrestará el retroceso social ayudando a las que habían carecido de esas oportunidades. Así diseñamos el proyecto LDP para que abordara tanto los problemas de liderazgo como el nivel de pobreza en Nigeria.

El  7 de diciembre de 2005, Women’s Board,  la ONG en la que trabajo,  organizó una Conferencia de Liderazgo en la Universidad de Lagos, de la que salió el diseño de un programa de liderazgo estable y continuo.  A este  Programa, se le denominó AMAD y se me encargó desarrollarlo y ponerlo en práctica, tanto la formación de mujeres impulsoras del desarrollo como la cooperación efectiva en los sectores más marginales de la sociedad.

El programa comenzó con donaciones de algunos organismos corporativos, Durante el mismo, las participantes aprenden a apreciar la necesidad de convertirse en personas capaces de promover el desarrollo del país. Por lo tanto, desarrollan las cualidades y habilidades que les permitirán ser agentes de cambios efectivos en su entorno y en el transcurso de sus carreras. Para la primera graduación, que tuvo lugar el 24 de octubre de 2010, el Programa graduó a 54 mujeres jóvenes que habían completado el Programa y desde entonces todos los años, ha continuado ininterrumpidamente.

El LPD  AMAD tiene una duración de seis meses en los que fomenta una cultura integral de educación y trabajo con el fin de que mujeres capaces y bien preparadas puedan desempeñar un papel decisivo en el desarrollo nacional. La filosofía del programa es la excelencia personal, el servicio y el desarrollo social/comunitario. Se desarrolla en dos secciones.

La primera sección es más teórica, con temas que  se modifican continuamente para cumplir con las tendencias mundiales. Las clases son usualmente interactivas y las estudiantes adquieren no solo conocimiento teórico sino que están expuestas a aspectos prácticos de emprendimiento. Con los conocimientos adquiridos durante la primera sección, las estudiantes desarrollan las habilidades necesarias para diseñar y llevar a cabo un proyecto de cooperación comunitaria.

En la primera etapa,  cuando se diseña y planifica el servicio comunitario que se va a prestar, es cuando se produce un auténtico despertar en las participantes sobre importancia de la responsabilidad social. También en esta etapa aprenden a descubrir las necesidades en su entorno o de la comunidad rural que apoyan y se esfuerzan por reunir los recursos necesarios para resolver esas necesidades. En la mayoría de los casos, actúan como intermediarias entre la comunidad y los donantes, de organizaciones corporativas indígenas.

Además de formar mujeres que la sociedad nigeriana necesita, todo el programa combate la a pobreza que se encuentra en las comunidades rurales de Nigeria.

En la segunda sección, eminentemente práctica, que comprueba los servicios prestados dejan un impacto positivo tanto en la comunidad receptora como en los participantes que llevan a cabo el proyecto.

 

Proyectos de servicio en comunidades rurales.

Desde 2008, las participantes en el programa llevaron a cabo proyectos de servicio en escuelas y comunidades de Ajah, Bariga, Makoko, Yaba, etc. En 2013, 2014 y 2015 AMAD optó por mejorar la situación de las mujeres y los niños de la comunidad Iroto en el Área del Gobierno Local Ijebu-Ode del estado de Ogun. En cuatro líneas principales: alfabetización y manualidades para niños / habilidades para la vida para adolescentes; sesión de adquisición de habilidades de la industria empresarial y capacitación empresarial para las mujeres,  facilitándoles el acceso al microcrédito; alcance médico con servicios médicos y dentales básicos y adquisición e instalación de máquinas  y herramientas simples para facilitar el procesamiento de la yuca y aumentar la productividad. Este último aspecto del proyecto  sigue en marcha porque aun no hemos conseguido todas las máquinas que necesitamos, ¡pero el sueño sigue vivo! El programa ha beneficiado las vidas de aproximadamente 4,000 mujeres y niños de la zona.

Por ejemplo, una de las mujeres participantes que vivía malamente de la transformación de la yuca que vendía a la gente de su aldea, gracias a la formación y a la maquina que ha adquirido con un microcrédito, ha aumentado tanto la producción, que ha podido crear una empresa familiar con sus hijas, e incluso desplazarse hasta la capital para vender la yuca que produce.  Su vida y la de su familia, ha cambiado completamente.

La actividad de extensión médica también forma parte del programa porque en esas comunidades carecen de cualquier servicio médico, sin embargo pensamos que al finalizar el programa, en todas ellas quede instalado un pequeño dispensario médico, a veces muy rudimentario, con personas capaces de realizar primeros auxilios, poner inyecciones o hacer un torniquete.

En 2016 y 2017 hemos estado en Eleko, una comunidad suburbana en el estado de Lagos, trabajando con mujeres y niños desplazados del noreste de Nigeria.  El inmenso efecto de este programa ya se puede apreciar no solo en los beneficiarios sino también en las graduadas universitarias que participan en el mismo, todas ellas han podido comprobar como su dedicación social es muy valorada  en el mundo del trabajo y la mayoría obtienen inmediatamente un empleo como resultado de las habilidades adquiridas durante el programa.

A menos que la generación actual de jóvenes reciba esta forma de capacitación en la responsabilidad social, el cambio con el que todos soñamos nunca se convertirá en realidad.

Toda África y sobre todo Nigeria,  necesita líderes responsables para resolver los numerosos problemas sociales que afectan a la región. El programa AMAD es un poderoso instrumento para capacitar  mujeres para ser esas futuras líderes y para hacerlas  socialmente responsables. El valor del programa reside en el hecho de que no se limita a impartir seminarios de liderazgo, sino que busca abordar problemas sociales reales, especialmente la lucha contra la pobreza y la falta de educación. Las mujeres de los ambientes más marginales adquieren habilidades para dirigir pequeñas empresas exitosas y  conocimientos financieros que les permiten acceder a fondos para comenzar o hacer crecer microempresas. Resulta impresionante ver la capacidad de muchas mujeres que no sabían leer ni escribir y para las que su único futuro era trabajar la tierra, convertirse en emprendedoras capaces de sacar adelante un negocio propio.

Aunque, hay mujeres que, a pesar de los beneficios que ven en las que participan en nuestro programa, no se atreven a hacerlo,  por miedo a lo que dirán sus maridos, a otras directamente se lo prohíben. Tenemos el caso de una mujer muy lista y muy emprendedora a la que su marido le obligó a abandonar el programa porque tenía miedo de que fabricando jabón ganase más dinero que él.

Nigeria es un país rico, es la economía más grande y potente de África, gracias a sus yacimientos petrolíferos. Su producto interior bruto ya supera al de Sudáfrica, si bien, más de 100 millones de nigerianos son muy pobres. La desigualdad entre unos pocos ricos y millones de pobres es abismal, también entre hombres y mujeres

Es cierto que en Nigeria va surgiendo poco a poco una clase media más educada y profesional, también es cierto que el país se comprometió hace años  a promover la equidad de género y la inclusión social de niñas y mujeres; sin embargo los informes internacionales indican que en Nigeria «las mujeres y las niñas sufren una desventaja y una discriminación sistemáticas que se magnifican para quienes viven en los Estados y sectores más pobres de la sociedad».

Es fácil quejarse de la situación, nosotras nos hemos puesto manos a la obra para remediar en la medida que podemos esta situación de injusticia. Se trata de un grano de arena en un inmenso desierto, pero cuanto más se extienda nuestro programa, más mujeres se verán beneficiadas. No se trata solo de proporcionarles, habilidades y  educación sino y sobre todo de hacerles conscientes de sus capacidades y de su dignidad como seres humanos y como mujeres.

 

Cómo citar:

Okoye, EJ. Liderazgo y responsabilidad social. Bioética y Ciencias de la Salud [internet] Vol.7 (1), Enero-junio 2019.

 

 

 

 



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